Todo comenzó en 1972, cuando mis padres abrieron nuestra primera carnicería en un barrio lleno de vida. Yo apenas tenía un año, pero ya entendía que detrás del mostrador se aprendía algo más que un oficio: se aprendía a mirar al cliente, a respetar el producto y a trabajar con honradez.
Detrás del mostrador
desde 1972
1978
Entre juego y embutidos
Con tan solo 7 años, mientras otros niños jugaban en la calle, mi padre me llamaba al obrador para ayudarle. Allí aprendí a preparar el embutido tradicional, a reconocer los aromas de las especias y a entender que cada receta familiar tenía su tiempo, su cuidado y su manera de hacerse bien.

1987

La escuela del cuchillo
Tras años observando y aprendiendo el oficio, llegaron los secretos de la profesión: dominar el cuchillo, deshuesar piezas con precisión y entender el valor de escuchar al cliente. En una carnicería tradicional, cada corte importa, pero también importa saber aconsejar.
1992
El salto al mercat de Russafa
La familia creció y era momento de buscar nuevos horizontes. Mi padre apostó por abrir una parada en el histórico Mercat de Russafa. Aunque era un puesto pequeño, pronto se convirtió en una gran escuela para adquirir madurez, experiencia real de mercado y una relación directa con los vecinos del barrio.

2004

Ampliando horizontes
El esfuerzo constante dio sus frutos. Tras la jubilación de un compañero del mercado, decidí dar el gran paso y hacerme cargo de su parada. Este cambio nos permitió ampliar nuestra capacidad, mejorar las instalaciones y consolidar una clientela que confiaba en nuestra forma de trabajar.
Hoy
El valor de lo auténtico
Décadas después, todo ese conocimiento heredado sigue vivo en Carnes Vilata. Seguimos defendiendo nuestra esencia en el Mercat de Russafa: producto seleccionado, recetas familiares, atención cercana y una manera honesta de entender la carne.
Hoy seguimos siendo una carnicería tradicional en Valencia para quienes valoran el sabor auténtico, el consejo de siempre y el trabajo bien hecho detrás del mostrador.

1978
Entre juego y embutidos

Con tan solo 7 años, mientras otros niños jugaban en la calle, mi padre me llamaba al obrador para ayudarle. Allí aprendí a preparar el embutido tradicional, a reconocer los aromas de las especias y a entender que cada receta familiar tenía su tiempo, su cuidado y su manera de hacerse bien.
1987
La escuela del cuchillo

Tras años observando y aprendiendo el oficio, llegaron los secretos de la profesión: dominar el cuchillo, deshuesar piezas con precisión y entender el valor de escuchar al cliente. En una carnicería tradicional, cada corte importa, pero también importa saber aconsejar.
1992
El salto al mercat de Russafa

La familia creció y era momento de buscar nuevos horizontes. Mi padre apostó por abrir una parada en el histórico Mercat de Russafa. Aunque era un puesto pequeño, pronto se convirtió en una gran escuela para adquirir madurez, experiencia real de mercado y una relación directa con los vecinos del barrio.
2004
Ampliando horizontes

El esfuerzo constante dio sus frutos. Tras la jubilación de un compañero del mercado, decidí dar el gran paso y hacerme cargo de su parada. Este cambio nos permitió ampliar nuestra capacidad, mejorar las instalaciones y consolidar una clientela que confiaba en nuestra forma de trabajar.
Hoy
El valor de lo auténtico

Décadas después, todo ese conocimiento heredado sigue vivo en Carnes Vilata. Seguimos defendiendo nuestra esencia en el Mercat de Russafa: producto seleccionado, recetas familiares, atención cercana y una manera honesta de entender la carne.
Hoy seguimos siendo una carnicería tradicional en Valencia para quienes valoran el sabor auténtico, el consejo de siempre y el trabajo bien hecho detrás del mostrador.